La agricultura estadounidense atraviesa un momento de rendición de cuentas. Los rendimientos de los cultivos están aumentando, las cosechas baten récords, y, sin embargo, los agricultores y ganaderos que alimentan a esta nación luchan por mantener las luces encendidas.
Esta ironía de la abundancia se está desarrollando a lo largo de la América rural: cuanto más producen nuestros campos, más estrechos se vuelven los márgenes de beneficio de los productores. Los precios de las materias primas se han aplanado; los márgenes continúan estrechándose, y los ecos de la crisis agrícola de la década de 1980 empiezan a ser difíciles de ignorar.
La solución a estos problemas, entonces y ahora, podría estar en los biocombustibles. Cuando se expandieron los mercados para la bioenergía ayudaron a rescatar la agricultura estadounidense hace una generación; hicieron más que restablecer la rentabilidad de las granjas: impulsaron la inversión, ampliaron la capacidad y posicionaron a la agricultura de EE. UU. como una fuerza capaz de alimentar y proveer combustible al mundo.
Un innovador estudio de S&P Global Energy, encargado por U.S. Farmers and Ranchers in Action (USFRA), ofrece evidencia de que los biocombustibles tienen el potencial de hacer esto de nuevo. Demuestra que cerrar la brecha de demanda hoy que se ensancha, acelerar la innovación energética y construir mercados que recompensen a los agricultores por el duro trabajo de producir más con menos podrían ser posibles con los biocombustibles.
El momento de la agricultura: la oportunidad de los biocombustibles
Los desafíos que enfrenta la agricultura estadounidense son reales y urgentes, pero también lo son las oportunidades. La industria posee algo que ningún otro sector puede reclamar: la capacidad de abordar, al mismo tiempo, los desafíos más apremiantes de la sociedad.
Una demanda ampliada de combustibles renovables ayudaría a estabilizar los precios de las materias primas, aliviando a los consumidores de bajos ingresos y a las comunidades más golpeadas por la volatilidad de los costos de la comida y la energía. Al mismo tiempo, la producción mundial de biocombustibles podría triplicarse para 2050, suministrando una nueva generación de productos renovables, incluidos combustibles sostenibles para la navegación marina y la aviación, que la economía global demanda cada vez más.
Lo más importante es que un mercado sólido de biocombustibles liberaría ese tipo de inversión sostenida que la agricultura moderna necesita desesperadamente: inversión en agricultura de precisión, variedades de cultivos de mayor rendimiento y prácticas de conservación que pueden aumentar la productividad al tiempo que reducen la huella ambiental de cada hectárea cultivada. Según el informe de S&P Global Energy, en un escenario de alto crecimiento, Estados Unidos por sí solo tiene el potencial de aumentar los rendimientos del maíz en aproximadamente un 1,6% anual, impulsando un incremento del 50% en la producción de tierras agrícolas existentes para 2050.
En términos concretos, la investigación ilustra cómo un mayor consumo de biocombustibles podría revertir el preocupante declive de las tierras agrícolas en uso, acelerar la transición energética más amplia y eliminar los riesgos más serios para el suministro de alimentos a largo plazo.
Lo que revela la investigación: un caso basado en datos a favor de los biocombustibles
El estudio, “Fueling Agriculture: Biofuels as the Catalyst” (Alimentando la agricultura: los biocombustibles como catalizador), identifica tres tendencias estructurales que convergen para crear la crisis agrícola de hoy.
1) El crecimiento de la población ha comenzado a desacelerarse y se espera que alcance aproximadamente el 0,4% para 2050.
2) La demanda de gasolina está disminuyendo a medida que la eficiencia de los vehículos mejora y cambian las dinámicas demográficas.
3) Los rendimientos agrícolas superan la demanda de alimentos y combustible. Los agricultores están produciendo más fanegas por acre de tierra que los mercados pueden absorber.
El resultado es un exceso de oferta persistente que está afectando los precios de las materias primas y empujando los márgenes de la granja a un punto crítico.
El estudio es claro sobre lo que ocurre sin intervención: precios más bajos, menor área de siembra, progreso tecnológico más lento y una caída significativa de los ingresos agrícolas. Para las comunidades rurales, las consecuencias podrían ser generacionales.
La investigación también presenta una solución clara. Los biocombustibles ofrecen una demanda escalable y sostenida de materias primas agrícolas que crece junto a, y no en competencia con, los mercados de alimentos. La expansión de capacidad agrícola tras 2005, en respuesta a la política de biocombustibles de EE. UU., demostró que el modelo funciona. La producción de maíz y soja se disparó. Los ingresos de las granjas aumentaron. La inversión fluyó hacia tecnologías que mejoran el rendimiento, infraestructuras de procesamiento y capacidad de exportación. Las economías rurales que habían languidecido comenzaron a recuperarse.
Una nueva era para la agricultura
El camino a seguir es claro. Ampliar la demanda de biocombustibles —con mezclas más altas de bioetanol en carretera, para soluciones fuera de carretera como combustibles marinos y de aviación sostenible, y más allá— puede cerrar la brecha de demanda que amenaza a los agricultores de hoy. Los biocombustibles tienen el potencial de reavivar el crecimiento en comunidades agrícolas que luchan, impulsar la innovación y ampliar la capacidad de la agricultura para alimentar y abastecer al mundo —todo ello usando menos recursos que antes.
Como una organización liderada por agricultores con 700,000 agricultores y ganaderos como miembros, USFRA está entusiasmada con esta investigación y el papel que los biocombustibles pueden desempeñar para liberar el potencial de la agricultura.
Kevin Burkum es el director ejecutivo de U.S. Farmers and Ranchers in Action.